31.1.02

El rayo que no cesa

Con objeto de que vayamos acostumbrándonos al cambio de blog, el de hoy sale en exclusiva en Una cuestion personal. En Blogalia, por supuesto. ¿Donde si no?

30.1.02


Nordick peninsula

Supongo que ya se habrán fijado en que el mapa de Europa que sale en el envés de las monedas de uno y dos euros, valga la redundancia, muestra una pirola donde debía figurar la península escandinaba. No creo que el malentendido se deba a un lapsus linguae como el mío, sino más bien al espíritu globalizador de los padres de la comunidad, sólo comparable al que desprendían los mapas físicos de mi infancia. Ya saben, aquellos planos de esPaña en los que salía hasta el último regato patrio mientras que el Miño sólo tenía una orilla, los Pirineos carecían de cara norte y Portugal, Francia y Marruecos eran siluetas carentes de relieve. ¡Pues sí que debe ser fácil la geografía en esos sitios!, pensaba.

Así pues, y en honor a cierto visitante que se deja caer por aquí cada vez que aparece la palabra bondage, les propongo que comparen lo que aparece en las monedas de euro con lo que el dibujante intentaba transmitirnos.

29.1.02

Venecia

Venecia es una ciudad de ensueño construida sobre pilares de madera que se hunden lentamente en el fondo cenagoso de la laguna. A finales de la Edad Media, mientras Italia emergía lentamente de entre las sombras, aquel lugar debía parecer al mismo tiempo el centro del mundo y su última frontera: la puerta de entrada de las mercancías más exóticas traídas por los viajeros más extraordinarios. Sus ciento cincuenta mil habitantes consumían cuarenta millones de botellas de vino al año, unas doscientas cincuenta por cabeza, y entre tumbo y tumbo, aún tenían tiempo de tumbarse con alguna de las miles de cortesanas que vivían en la ciudad.

La desembocadura del Po es famosa por sus tormentas, sobre todo las que se desencadenan a comienzos de verano. En pocos minutos la temperatura puede descender diez grados, y las trombas de agua llegan acompañadas de salvas de truenos y rayos que dispersan a los turistas. Aún así, en esta ciudad que se desmorona, el peligro viene de los cascotes y cristales que el viento desprende de las fachadas. Es mejor quedarse al descubierto, sobre todo si uno va buscando una luz especial que transforme un lugar mil veces fotografiado en una imagen insólita.

Tras lo que parece el paseo más largo que se puede dar a pie llegamos, empapados, al edificio de la Aduana, en la boca del Gran Canal: una monstruosa gabarra pintada de rojo minio bloquea toda la vista de la ciudad. Para nuestra desesperación los últimos rayos de un sol que ya se agota se desparraman entre el agua verdosa de la laguna y las nubes negras y espesas, iluminándolo todo con una luz fabulosa, dramática... irreal. En ese momento una puerta se abre en el muro de mármol y un crío sale al muelle con un balón de reglamento. Es el hijo del vigilante que vive en la azotea y quien mañana nos acompañará saltando por los tejados para fotografiar, bajo una luz ahora miserable, pero sin gabarra, la grandeza de esta ciudad que se hunde hacia su pasado. Nosotros lo haremos hacia el futuro.
Una tarde

Era domingo y ya nos habíamos acabado todos los cafés de la ciudad. Decidimos ir a la casa de un amigo a ver una película que ya todos habíamos visto al menos un par de veces. La disculpa eran unas escenas que no mostraban en el montaje original... La verdadera verdad es que nos gusta un montón. En fin, agarramos de cocascolas, patatas y palomitas y comenzamos a ver la peli. Cada dos por tres parabamos el video: que si una comentaba la arquitectura de la ciudad, que si el otro quería saber de quien era ese disco que aparecía, que otra decía que la protas no estaba nada guapa en esta peli..., por no hablar del pesado de turno que en cada escena veía reflejado su último fracaso amoroso leyendo el guión entre líneas. Estuvo realmente bien, me lo pasé en grande y al final se nos hizo tarde. Eran sobre las doce y media. Aún así y a pesar de que al día siguiente había que ir a trabajar, convencí a unos cuantos para ir a volar cometas a un parque cercano.

28.1.02

Naturaleza funde a Matisse

Estaba sentado en un banco, junto a la playa, observando el tronco de una palmera peluda. Hete aquí, pensé (bueno, no con esas palabras) la perfecta unión de lo animal y lo mineral. Como los corales: animalitos que viven en cuerpos calcáreos y cuyos cadáveres construyen ciudades submarinas. Se dice que el primer coral surgió de la sangre de un monstruo de las profundidades derramada sobre la espuma de las olas. ¿Será buena la madera de palmera? Las mareas del invierno habían dejado junto al murete todo tipo de cosas. El viento de los días hace su propia selección, arrastrando las más hermosas allá donde nadie puede verlas. Nunca vendrán a mis pies, hay que caminar para encontrarlas, pensó. En esta época del año a la arena le crece una hierbecita rala como el bigotillo de un adolescente. Es tan fino su tallo que no proyecta sombras, y uno puede ver las piedrecitas de la arena corriendo entre ellos, agolpándose en montoncitos del lado que viene el aire.

Donde acababa la hierba y empezaba la arena húmeda, justo en la linea donde el suelo cambia de color, había una gran estrella de mar. Cinco brazos naranjas extendidos como rayos de un sol. Estaba fresca. La levantó situándola contra el azul intenso del agua, desenfocado por el atardecer. A veces, mientras caminamos mirando al suelo, la naturaleza funde a Matisse.

27.1.02

Extra, extra

Parece ser que el sr. herbasco ha estado investigando sobre ciertos personajes que se mueven habitualmente por los mundos de IRC, haciéndoese pasar por ciudadanos responsables, de esos que ponen Radio 5 para escuchar las alocuciones de nuestro lider-presidente. Transcribo literalmente:

El señor Vader, anteriormente director del gabinete de asuntos rebeldes y considerado por muchos como el delfín del Emperador, ha sido localizado recientemente desarrollando labores de espionaje por los canales del IRC. Su reaparición viene a confirmar que su caida por el triturador de basura de la estrella de la muerte mientras interrogaba a un joven detenido no fue fortuita, sino que se trataba de un montaje para despistar a los líderes de la rebelión.

Nuestras investigaciones señalan además que este siniestro personaje se hace acompañar por el wookie que traicionó a Han Solo el día de San Valentín del quinto año galáctico. También se sospecha que la princesa Leia podría formar parte de la banda, pues existen grabaciones de sus ji ji ji ji, distorsionadas por el eco del bobot donde se esconde actualmente.

Estos tres sujetos son muy peligrosos."

Acto reflejo

Todo el mundo tiene un secreto. Y una clave para desvelarlo. Por ejemplo, nuestra amiga Shiva sacude la punta de la nariz cada vez que pronuncia "teoría económica". La tengo aquí al lado y lo está haciendo otra vez, de un lado a otro, arriba y abajo. Sin embargo, su auténtico secreto es que cada vez que oye la palabra "pito" se ríe sin consuelo.

Como no es justo desvelar los secretos de los demás y guardar los propios, les contaré que, como un Aquiles cualquiera, soy incapaz de resistir el poder de la palabra "bostezo". Veo a alguien bostezar y allá voy yo también. Si la veo escrita me pasa lo mismo, y también si alguien lo hace de espaldas a mi e intuyo su gesto en la forma en que encoge los hombros y pega la espalda a la cabeza. En este preciso momento debo dejarles porque no soy capaz de contenerme. Si al menos aprendiese a rugir...

Por cierto, hemos conseguido que alguien muy importante se ocupe de esto mientras estamos fuera. Les aseguro que van a disfrutar.

26.1.02


Topofilia

Me llena de placer, aunque no puedo ocultar el terror que ahora me dan estas cosas, anunciarles que a mediados de febrero estaré fuera unos días, acompañando a Sapin y a Marilyn en la exploración de remotos lugares del planeta. Hace tiempo, antes de perder casi toda la memoria, la inminencia del viaje me paralizaba, incapacitándome para cualquier cosa que no fuera resolver el puzle de necesidades y deseos que caben en una maleta. Ahora sé que nada es imprescindible, excepto el libro que dará sentido al caos de las horas, las esperas en aeropuertos y el hastío del propio cuerpo.

En el último viaje de ida erré la elección y por un momento fui presa del pánico. Mientras apretaba el libro esperando que la presión mezclase las letras de otra forma, un rayo de luz atravesó el pasillo del avión como si el fuselaje fuera transparente. El Sol desplegaba su amanecer sobre un paisaje fantástico de lomas heladas, del que nadie nunca había oído hablar. En busca de un silencio que no se da en el interior de los aviones nos refugiamos tras la última fila de asientos, haciendo gimnasia y disfrutando del té verde que de vez en cuando nos ofrecía una azafata oriental que también debía estar enamorada.

25.1.02

El lujo son los otros

Antes de nada, sepan que el herbasco me ha pegado una bronca de cuidao por el post de ayer, pues al parecer, aparte de la inadmisible falta de respeto a una persona mayor (con agravante de reincidencia), ha quedado en evidencia mi ignorancia en materia de semiótica de la moda. Bueno, ya se habrán dado cuenta de que vivo en un mundo bastante simplificado, así que espero que sepan perdonar las simplezas.

Dicho lo cual, quisiera comentarles la extraña sensación que me invadió ayer leyendo los blogs de la Niña y el Niño raro. Les confieso que hace rato que los sigo y que me gustan mucho, pero ayer por primera vez caí en la enorme zanja generacional que separa sus experiencias de las mías. Con la edad me he hecho más leve; menos importante, y no puedo decir si eso me gusta. Si les digo la verdad, lo que más me tranquiliza es pensar que visto con un poco de perspectiva, el mundo es tan simple como a mi me parece.

24.1.02


Saint Laurent

Parece que el insigne abuelete se retira dejando tras de sí un velo de tules y un discurso tan así que sólo un caracol sediento podría seguirlo. Quienes saben de estas cosas cuentan que uno de los grandes méritos profesionales de este creador es haber disfrazado a mujeres flacas de hombres bidimensionales, lo que sin duda ha colaborado a la aparición de héroes masculinos de tan corta virilidad como Russel Crowe, cuyas interpretaciones del poli duro llorica y del general metido a luchador de catch sólo se sostienen por el giro argumental a la Charles Bronson con que le arropan los guionistas.

Mi particular panteón de machotes ilustres alberga, por ejemplo, los huesos descarnados de Sterling Hayden, un sujeto de aspecto noble y peligroso al que el peligroso McCarthy dejó en peligroso (para sus amigos de la gauche hollywoodiense) cuando hizo lo que cualquiera de sus personajes haría para salvar el pellejo a la espera de una causa que de verdad mereciera la pena. Y lo dijo bien claro, para que nadie fuera a pensar que su arrepentiemiento era una mera disculpa.

23.1.02

Gracias

Señor Sapin, en cuanto se ponga a tiro le daré un besito.


Criptocriptografía

Las vidas de los santos son interesantes, aunque si la Iglesia hubiera sido menos reglamentista para ciertas cosas seguro que lo eran todavía más. Hablando de santos siempre me viene a la cabeza la tumba de Galileo, escondida allí donde a nadie se le ocurriría buscarla. En una iglesia, claro, parapetada tras un cordón grueso como una boa y una alambrada de tragaperras con olor a cera quemada.

Ayer Don Fernandino me recordó algo que había olvidado por completo, pero que sé que supe porque me lo he encontrado subrayado en un libro (de esos que no da conflicto porque nadie quiere llevárselo prestado). Ad granum. Resulta que a Galileo le gustaba comentar sus descubrimientos a Kepler antes de darlos a conocer públicamente, pero lo hacía mediante mensajes cifrados. Por ejemplo, cuando creyó descubrir dos planetas que parecían orbitar alrededor de Saturno, convirtió Altissimum planetam tergeminum observavi (Observé que el planeta más alto era triple) en Smaismrmilmepoetaleumibunenugttauiras. Tras recibir la carta correspondiente y pensarlo durante un buen rato, Kepler creyó encontrar la solución en Salve umbistineum geminatum Martia proles (Salud, joyas gemelas, marciana prole). Lo que son las cosas. Por una parte los planetas que Galileo creía haber observado eran en realidad los anillos de Saturno, pero además, es cierto que Marte tiene dos satélites, aunque demasiado pequeños como para que Galileo los pudiese ver con su telescopio.

Y Vds se preguntarán: ¿Por qué era tan coñón Galileo? Fácil. Enviando el mensaje encriptado ganaba tiempo para poder contrastar sus observaciones, de tal modo que si alguien anunciaba el descubrimiento él siempre podría decir alto ahí, que eso lo descubrí yo y ahí está Kepler de testigo ¿O es que se creían que todos los sabio son tontos?
Juan Salvador Pingüino

La verdad es que no estaba nada mal ser pingüino. Podía disponer de abundante pescado fresco y cómo disfrutaba cazándolo mientras jugaba con las olas. Es cierto que no podía volar, pero acaso su técnica de buceo, ¿no era igual que volar en el agua? También le gustaba pararse a contemplar los tremendos paisajes de bloques de hielo o las planicies majestuosas de infinitos colores blancos. Y sobre todo, el vivir en un lugar en el que para casi cualquier bicho sería la muerte segura le hacía regocijarse en ese espíritu salvaje que todo pingüino lleva dentro.

Sólo dos pequeños detalles le fastidiaban un poco. El ir siempre uniformado y el hecho de que ni en la Antártida se pudiese disfrutar de un minutito de soledad.

22.1.02

Una costumbre incomprendida

Vendell está de viaje y me ha pedido que le sustituya estos días. Cuando me llamó ayer para decírmelo, yo estaba de muy buen humor. Acababa de localizar un libro que me prestaron y que tenía que devolver. Llevaba todo el día desesperado buscándolo. Este hecho me trae a la cabeza una costumbre que tengo, la cual no es normalmente comprendida por la gente que me rodea: Me gusta regalar mis libros. Pero entendedme, con "mis libros" no me refiero a un ejemplar de ese libro con el que tanto he disfrutado sino precisamente a mi ejemplar. Existen muchas razones para regalar un libro propio a un amigo pero hay sobre todo dos que me impulsan a hacerlo:

La primera es que, en un mundo en el que hasta un escritor reconocido se afanaba ególatramente en hacer una fundación sobre su propia persona con sus cosas, el desprenderse de algo personal me parece un acto de cierta trasgresión. La segunda y la más importante es ese sentimiento fetichista que me une al libro como objeto. Ese libro que regalo es el mismo que ha estado tantas noches en mi cama y el mismo al que le han caído las migas de mi bocadillo. Es el que me ha acompañado en la mochila o el que leía en el tren mientras miraba de reojo a mis compañeros de vagón. Es ese libro y no otro, el que he estado leyendo hoja por hoja hasta llegar al final, y el que he cerrado con la sonrisa satisfecha de haberlo concluido.

Es debido a esta relación con el objeto libro por lo que estaba desesperado ayer por la tarde. No es que no encontrase el libro de mi amigo sino es que no encontraba precisamente "su libro".

Sapin3

21.1.02

Bendita infancia

Como mañana he de hacer un viaje y ando un poco preocupado, hoy voy a contarles una historia instructiva: la vida del santo que ostenta el record de juventud en santos no martirizados: Domingo Savio, patrón de los niños del coro y los delincuentes juveniles. Domingo alcanzó la santidad gracias a los buenos consejos (y por qué no decirlo, también las influencias) de Don Juan Bosco. Hizo sus primeros méritos confiscando y haciendo trizas las revistas pornográficas de sus condiscípulos, a resultas de lo cual se inició una gran bronca que el jovencito acalló blandiendo un pequeño crucifijo. Con todo, su carrera hacia la santidad arrancó cuando le contó a Don Bosco sus visiones en las que un montón de gente caminaba entre la niebla. Bosco comentó el incidente con el Papa Pio IX quien poco después iniciaba una intensa campaña para la evangelización de Inglaterra. Con todo, cuando Domingo falleció a los quince años, fue llevado a los altares sin que se practicasen detenciones entre sus compañeros de seminario. Conste que otros han llegado igual de lejos con muchos menos méritos.
.

20.1.02

La forja de un camino

La dama tenía el pelo y las piernas finas. Su cuerpo era compacto, rematado en un cuello largo y nervudo, como de grulla desplumada. El vestido, el bolso, las gafas, las medias, los zapatos, y seguramente la ropa interior eran de color negro. La única nota de color la ponían las joyas y los labios pintados, en exceso, de ultrarouge superbrilliance. Junto a ella se mantenía muy tiesa una muchacha delgada, vestida totalmente de gris y calzada con unas merceditas que le daban un cierto aire de lolita ortopédica. La joven no llevaba adornos, a excepción de las gafas metálicas tras cuyos cristales sus ojos verdes parecían el corazón de dos televisores apagados.

El dependiente se acercó a la pareja despacio, todavía molesto por el tono impertinente de la señora y la sonrisa condescendiente de la muchacha. Menudo par - pensaba. Parecen el puto tucán y la puta gorriona. Cuando llegó hasta ellas, con su mejor sonrisa, la dama se apresuró a tomar de sus brazos la caja plana y alargada. La abrió con rapidez y extrajo de su interior un vestido azul muy discreto que examinó con gesto experto. Dándose la vuelta sorprendió a la muchacha que la observaba con una mirada que tanto podía esconder desprecio como compasión.
- Pues este es precioso. ¿Por qué no te lo pruebas?
- Mamá, ese es el traje de jesuitina. Las franciscanas vamos de gris.

19.1.02


La verdadera historia del hombre

Es de suponer que a base de luchar por la supervivencia, la evolución habría hecho de nosotros seres pragmáticos, insensibles a todo lo que no sea correr y follar. Por eso sorprende que el sentido de la vista, afinado para detectar nalgas, presas y enemigos, sea capaz de extasiarse ante la visión de una escena que ni ofrece sexo ni da miedo. Empiezo a sospechar que aquel día clave, mientras la horda de simios histéricos bajaba de las acacias y seguía el camino del norte, nuestra auténtica antepasada se quedaba en su rama disfrutando de un atardecer africano. Al alba bajó al suelo y recogió unas bayas del arbusto cercano, se refrescó en el río y comenzó a andar siguiendo el rastro del grupo. A los pocos días alcanzó a un monito rezagado, y juntos continuaron el camino jalonado de huesos amarillentos y fieras sesteando satisfechas.

18.1.02


Invitados especiales

Hay libros que sirven para calzar una mesa coja, o para evitar que los discos se desparramen por los estantes. Otros, como los de Cioran, hacen buenos cimientos para una empalizada ideológica. Vean si no.

Cuando Esquilo o Tácito os parezcan demasiado tibios, abrid una Vida de los insectos - revelación de rabia y de inutilidad, infierno que, por suerte para nosotros, no tendrá nunca dramaturgo ni cronista. ¿Qué quedaría de nuestras tragedias si un bicho instruido nos mostrara las suyas?

Un hombre grande

No pensaba escribir sobre esto porque no pensaba pensar sobre ello, pero el caso es que mi anhelada jornada de trabajo aeroportuario, siempre tan productivo, se frustró hoy con la inevitable presencia de la muerte de Cela en forma de abecedario truncado. Allí encontré el artículo de un señor joven que, con prosa pretendidamente musculosa pero sospechosa de anabolismo, se dedicaba a blandir lugares comunes como si los lectores fuesen simples leones a los que hubiera que espantar, acabando con una serie de provocaciones cuyos únicos destinatarios ya sólo serán los gusanos. Luego otro señor con apellido pronominal clásico se mostraba entristecido y arrastraba los acontecimientos al sorprendente terreno de los derechos dinásticos, nobiliarios o como quiera que se llame la tontería esa del pito pito colorito quién se queda con el marquesado.

A lo largo de las páginas se iban acumulando comentarios como escritor de raza, genio de nuestras letras, puntal del idioma y esas cosas que se dicen los escritores unos a otros para darse ánimos. Especialmente llamativa resultaba la insistencia en su vitalidad, su excentricidad y su dominio y defensa de la lengua, lo que en cierto modo explica lo difícil que resulta encontrar en sus libros dominio y defensa de idea alguna. En particular, alguien recordaba el profundo rastro orteguiano en la obra del ausente, tema que otro día, quizá mañana, merecerá unas lineas. En fin.

Hablando de fines. En el video del entierro, justo en el momento en que la caja llegaba al fondo de la zanja, alguien musitó: ¡viva cela! a lo que otra vocecilla respondió: ¡viva! Paradójico y sentido homenaje de quienes sin duda aprendieron más de las lecturas de Cunqueiro que de las del finado.

17.1.02


Seguiriya

Incapaz de seguir los vericuetos de la demostración de aquel teorema le dijo al profesor de matemáticas: No se preocupe. Me fío de Vd.


La ciencia que aprendemos

Tirando del cable del teléfono móvil me he topado con el estante donde viven los libros de texto (como si los demás tuvieran ranas o grillos en lugar de palabras). Allí estaba condensada toda la ciencia que un estudiante aplicado puede adquirir con mucho esfuerzo y dedicación. Exactamente la misma cantidad de ciencia que año tras año aprenden a detestar muchos estudiantes con un nivel normal de esfuerzo y dedicación. La cuestión es sencilla: la ciencia que aprendemos en la escuela apenas nos facilita la comprensión de las cosas que ocurren en el mundo. Y no me refiero a hechos evidentes, como que los barcos flotan porque el líquido desalojado (es decir, el agua) ejerce unempjiguaprdsntdcontrpal peso del objeto que desaloja el fluido (osea, que flota en el agua). ¡Qué tontería! Cualquiera puede ver eso con sus propios ojos si dispone de una palangana, unas planchas de materiales diversos y alguien que le ayude a explorar la idea de fuerza. Lo difícil es acordarse.

Curiosamente la escuela se empeña en administrar a todos los ciudadanos una formación científica que sólo es útil para quienes acaban trabajando en cosas relacionadas con la ciencia y la tecnología. Y a éstos ni siquiera les acerca a los fundamentos del pensamiento científico: la imaginación, el tesón, el espíritu crítico, la racionalidad, las habilidades descriptivas y experimentales... Como si estas cosas se aprendieran resolviendo problemas-tipo o siguiendo al pie de la letra el procedimiento experimental que señalan las prácticas de laboratorio. Así nos encontramos con un catedrático que nos alerta contra la llegada de los marcianos invisibles, o nos enseña la forma de agitar debidamente un supositorio homeopático para que la nada quede bien distribuida por el excipiente c.s. Por no hablar de algún gobernante que más chulo que un altramuz decide alejarnos de las antenas para que el teléfono móvil tenga que emitir siempre al máximo de potencia y podamos freirnos el cerebro (o hipermelatoninizarlo, vaya Vd a saber) respetando al principio de precaución.

16.1.02


Cri cri

La cría de grillos parece un negocio sencillo. Basta un poco de tierra fresca, una lámpara y unos periódicos arrugados que sirvan a la vez de escondrijo y oteadero. Nuestra caja tiene unos tres mil grillos pardos de todos los tamaños, desde machos grandes como estatuas insectas hasta larvas microscópicas que culebrean pegadas al cristal. Allá donde mire siempre los encuentro atareados en las cosas de la vida: aquí una hembra afilando el oviscapto, allá otra palpando el suelo con las antenas antes de hendir su lanza para depositar los huevos. Crías casi invisibles que buscan perplejas su primera comida, viejas matronas observando a una hembra primeriza pasmada ante la potencia viril del canto de dos machos rivales; jóvenes despistados, o quizá embriagados de lujuria por la promiscuidad cercana en que viven sus mayores...

Los machos se afanan en cantar más fuerte y durante más tiempo, pero al hacerlo ponen en peligro su vida porque también llaman la atención de los depredadores. Las hembras deben saberlo, así que han abierto en sus rodillas unos orificios que canalizan el sonido y les ayudan a localizar su procedencia. Los machos pueden así emitir cricrís más agudos y entrecortados, que como todo el mundo sabe son más difíciles de localizar. ¿Quién no ha buscado un grillo entre la hierba?

La grillera es un mundo extraño en el que el único depredador son las pinzas metálicas que cada mañana atrapan media docena de ejemplares y se los llevan a un lugar desconocido. Creo que algunos grillos empiezan a pensar que vale la pena probar fortuna lejos de ese cenagal de sexo y tierra, porque a veces, durante el ritual de captura, se quedan inmóviles , agitando las antenas y cantando más fuerte que nunca mientras las hembras huyen despavoridas hacia la seguridad de las páginas de sucesos.

Anoche, mientras pensaba en la muerte espiando a los grillos, un macho oscuro encaramado en una piedra comenzó a emitir un zumbido extraño. El roce de sus alas era tan lento que se podía seguir con la mirada, y producía un chirrido grave como la voz de un barítono con las cuerdas vocales congeladas. Al acercar el oído descubrí que junto a su pedestal seis hembras devoraban el abdomen de un joven todavía vivo que agitaba las patas con parsimonia. El zumbido se hizo más nítido.

15.1.02

Arrogance

En un curioso tic (a saber de qué pozo educativo procede) muchos científicos se han lanzado a criticar el anuncio de que el universo es verde. Mal hecho. La noticia del universo verde es tan sugerente que en los últimos días las costuras de nuestra inteligencia colectiva reventaban de preguntas fantásticas. Gracias a esta noticia descubrimos que todo lo que sabemos del universo se debe al prejuicio razonado de que éste es igual en todas partes; que basta con saber cómo es la luz combinada de unas miserables 200.000 galaxias para saber cómo es a distancias tan lejanas que hasta la imaginación se agota al pensarlas.

También aprendimos que las estrellas, aunque parezcan de un único color, emiten radiaciones electromagnéticas de todo tipo: ondas de radio, microondas, luz infrarroja, visible y ultravioleta, rayos X y rayos gamma. Además, como el hierro en la forja, el color de las estrellas depende de su temperatura. Las más calientes aparecen a nuestra vista como blancoazuladas, y a medida que su superficie es más fría nos encontramos con estrellas blancas, amarillas, naranjas o rojas. Lo de frías es un decir, porque en la superficie de una estrella rojiza se alcanzan los 3000º centígrados. Y mira por donde, las características de nuestro sistema de visión nos impiden percibir estrellas verdes en el cielo. No es que no las haya, que en realidad todas las estrellas emiten luz de todos los colores y alguna habrá que tenga su máximo de emisión en el verde, pero nosotros no las podemos ver.

Por cierto, que en estos tiempos de electrofobia no está de más recordar que la energía de un fotón de rayos X emitido por un aparato de radiografías es cinco mil veces mayor que la de un fotón de luz “verde universo”. Pero que a su vez, el fotón verde es dos millones de veces más energético que los fotones de microondas emitidos por los terminales y antenas de telefonía móvil.

14.1.02

El universo era verde

Tal y como recogen hoy las principales fuentes de información astronómica del mundo, entre ellas el blog amigo de Javier Armentia, el universo es verde. El artículo original está puesto en la red pero no se lo recomiendo porque les hará falta un monitor de 80 pulgadas para verlo de una tacada. Al parecer, la autora del hallazgo tiene las opciones de accesibilidad del windos en alerta DEF CON 1, porque el archivo impreso a tamaño real ocupa una superficie similar al de la sábana de Turín puesta a solear. Unos diez acres de superficialidad, que diría el gran Reynaldo.

La verdad es que el verdor universal era un secreto a voces. Contemplando la siesta de las ranas, el vientre de las moscas, las hojas de las plantas, las plumas más largas de los pavos reales y el lugar entre el blanco y el negro de los ojos de algunas muchachas nadie podía dudar que el universo es fundamentalmente verde.

13.1.02

Que se lo digan a Ordenalfabetix

La internet se ha visto sacudida por la aparición de un nuevo blog cuyo autor es el conocido astrónomo y divulgador Javier Armentia. Aunque herbasco me ha dado instrucciones de que ponga a caldo el javarmblog, aquí solo diré que quizá se eche de menos la posibilidad de poner comentarios, lo que sin duda sería aprovechado por muchos de los famosos con los que su autor se codea por los platós televisivos.

A pesar de las instrucciones que he recibido y jugándome el puesto, tengo que decirles que el blog de Armentia merece una visita diaria. Allí se encontrarán con un montón de cosas interesantes, una sonrisa muy sexy y una actitud franca y abierta que me temo pone en evidencia la escurridiza pose del Sr herbasco. Sí, ¿que pasa?. Me gusta la página de Armentia . Mucho. Y si no, que se lo digan a Ordenalfabetix

Diet colas and obesity: a case study

Según lo que he podido entender del último teletipo de la agencia Kyodo, un grupo de científicos ha logrado demostrar la correlación entre la obesidad y el consumo de cocacola light . Según las conclusiones de este riguroso análisis epidemiológico, el porcentaje de obsesos es un 72% más alto entre quienes beben la versión “diet” del famoso refresco, mientras que entre los que consumen la versión normal hay un 72% menos de obesos. Mi chino no es perfecto, pero creo que la traducción es literal.

Quizá recuerden que hace unos años se publicó aquí un estudio similar sobre la Mirinda, refresco cuya distribución ya entonces se limitaba a las zonas rurales más remotas del país. En aquella ocasión los científicos llegaron a la conclusión de que el consumo del refresco iba asociado a una extraña forma de analfabetismo y a la aparición de enormes callosidades en las palmas de las manos.

Testamento

Me ha pedido herbasco que haga el favor de reproducir la última de sus entradas, que le gustaría que quedase aquí como testamento blogístico. Entre nosotros: éste no aguanta ni una semana sin volver por aquí.

Siga a ese planeta

Bajo la visera del piloto asomaba una espesa mata de pelos cortos y negros, duros como los de las piernas de las arañas. El suyo era el peor trabajo del Sistema Solar: piloto de la nave de objetos perdidos. En el parabrisas de su transporte se estrellaban cada día toneladas de pelos rizados, pétalos de margarita, gotas de lluvia que habían perdido el rumbo y hasta algún albatros al que la tormenta había arrancado del viento. Las pruebas de selección habían sido duras. ¿Sabe Vd. pilotar? Sí. ¿Tiene miedo a las alturas? No ¿Quién descubrió América? Christopher Columbus, de Columbus, Ohio. La paga no era mala, pero el día a día no era lo que esperaba.

Hay pasiones literarias que marcan el destino de una vida. En su caso había sido un cuento de Calvino, más bien una serie de cuentos en los que se relataba la verdadera historia del mundo, comenzando por los tiempos en los que la Luna estaba tan cerca de la Tierra que la gente aún se atrevía a saltar hasta ella para recoger capachos de polvo de su superficie. Este polvo era tan fino que tras respirarlo salía por los poros, tiñendo el sudor de gris plateado. Pero eso había sido antes de que apareciesen los gansos, cuyo plumón servía ahora de sucedáneo para relleno de las almohadas y que con la costumbre de posarse en la Luna boca abajo con el pico abierto para capturar mariposas sin esfuerzo habían acabado por desestabilizar la órbita de nuestro satélite. Pero ya nada era igual que antes. Ahora lo sabía: hubiera deseado encontrar un trabajito en tierra, a su lado. No se lo podía decir, pero lo que en realidad deseaba era ser pastor de sus gemidos, agricultor de sus pelos.

Calvino

Hace unos días compré una especie de revista literaria en papel de periódico, no por afición a este tipo de lecturas, sino porque traía un articulo titulado “Contra Calvino”, firmado por un autor de éxito reciente en Italia. Con un estilo bastante espeso, el pollo se dedicaba a desplumar la memoria de Italo Calvino, acusándole de renunciar a crear un universo propio, de haber esclerotizado la evolución de la novelística de su país y de perderse en los juegos, laberintos y paradojas del lenguaje. Bueno, el pliego de cargos era mucho más extenso, pero entre que no entendía mucho y que al día siguiente tocaba limpieza y en medio del zafarrancho la periódica revista acabó en el saco de los periódicos diarios, me baso sólo en lo que recuerdo. Seguro que si lo volviese a leer me convencían sus argumentos, como me convencen siempre los que escriben bien y exponen sus ideas clarito clarito. Supongo que a Vds les pasará la mismo y se sienten tan ridículos como yo:¡qué poco criterio tengo!

No se molesten en buscar el artículo por la red, porque lo único que les va a salir es una novela de un tal Stefan Zweig que también se titula así. Curiosamente el tal Zweig se refiere al otro Calvino, al de la religión esa que alienta la acumulación de riquezas. Para que luego hablen de los laberintos del lenguaje...

Esperando que estos apóstoles de la novela total consigan la fórmula mágica de la creación de mundos propios y se pierdan definitivamente en ellos, sólo queda recomendar la lectura de “Marcovaldo”, el libro de los libriños de Calvino, y la maravillosa (y digo maravillosa) trilogía fantástica formada por “El Caballero inexistente”. “El Vizconde demediado” y, muy en particular, “El Barón rampante”.
¿Que por qué leer a los clásicos? Pues porque es mejor que no hacerlo, como dijo Italo.

herbasco under siege

Al pobre herbasco le ha dado un ataque y me ha pedido que continúe yo con su blog, que por lo que he podido leer no daba mucho de sí, bueno, de él. Supongo que de vez en cuando se pasará por aquí para dejar sus comments, pero por lo pronto no parece que vaya a hacer muchas más aportaciones. Si alquien quiere ponerse en contacto con él puede ponerle un mail a su dirección de correo que aparece por algún lado.

Un saludo
vendell